Influencers con causa: usan las redes para la solidaridad

Los influencers se han convertido en el objetivo aspiracional de los Millennials y Centennials. Según la Cámara Argentina de Anunciantes (CAA), se pueden establecer cuatro categorías: nano influencer (entre 3.286 y 8.611 seguidores), micro influencer (entre 8.611 y 96.111), influencer (entre 96.111 y 575.000) y finalmente las celebrities, con más de 575.000 followers.

Por eso, las marcas deciden a quiénes ofrecerles sus productos para que sean promocionados. Pero hay influencers que no venden ni “se venden”. La razón de su éxito en las redes se debe a la manera en que transmiten sus causas sociales: se trata de los influencers solidarios.

A ellos los impactó generacionalmente un fenómeno llamado Greta Thunberg, la adolescente sueca de tan solo 17 años que logró movilizar a más de 4 millones de estudiantes del mundo para luchar contra el cambio climático. Viva entrevistó a tres ejemplos argentinos de influencers a medida de la “Era Greta”.

Veganismo y canciones

Connie Isla (25) tiene medio millón de seguidores en Instagram y es cantautora, actriz y activista. Su popularidad se fue dando a medida que artistas como J Balvin o Sebastián Yatra compartían en sus perfiles los covers que Connie hacía con su ukelele. En 2018, fue convocada por Fox Entertainment por estar entre las 15 personas más influyentes del mundo.

Actualmente es considerada una referente en temas como el veganismo y la sustentabilidad. En lo musical, acaba de lanzar su primer disco llamado Luz y Fuego, conteniendo nueve canciones escritas y producidas por ella. Además, el año pasado creó Vrote, su propia marca de indumentaria bajo el concepto del diseño sustentable y artesanal. Su interés por ayudar comenzó a los 20 años cuando creó la fundación Músicos del Alma, donde organizan shows gratuitos en hospitales.

Aunque eso no es todo: también comanda el grupo de activistas Buenos Aires Health Save, el cual se dedica todos los lunes a repartir viandas veganas para personas en situación de calle. Fiel a su compromiso, hasta los paquetes que se entregan son biodegradables.

Somos la primera generación que siente el cambio climático y la última que puede hacer algo al respecto.

Connie Isla

-¿Por qué decís que te “despertaste” cuando pasaste a ser vegana?

-Siempre fui una persona interesada en ayudar. Aunque quizás antes no era consciente de otras realidades porque me ganaba la anestesia a la que estamos condenados. Somos víctimas y cómplices de esta sociedad. Cuando me hice vegana, se me prendieron las antenitas de la empatía y de la curiosidad. No sólo me empecé a preocupar por los derechos de los animales, sino por todos los derechos.

-¿Pero no cuesta mucho tiempo y dinero ser vegana?

-Si la persona quiere comer yogur de coco y tofu satinado con especias indias, obvio que va a salir caro. En cuanto al tiempo, casi todos los veganos que conozco descubrieron un universo de sabores al cocinar. Hay otros que comen hamburguesas congeladas, o salen a comer a algún lugar y fin.

-¿Creés que hay un chip generacional en cuanto al cuidado del medioambiente?

-Somos la primera generación que siente el cambio climático y la última que puede hacer algo al respecto.

-¿Qué cambios se podrían hacer para llevar una vida más sustentable?

-Lo más significativo que puede hacer una persona hoy en día es cambiar sus hábitos alimenticios a partir de una dieta vegetariana, preferiblemente vegana. También dejar de usar plásticos de un solo uso, empezar a cuidar la energía, promover el consumo local, hacer compost, separar los residuos, reducir el consumo de fast fashion y muchas pequeñas acciones de las cuales hay que empezar a ser conscientes.

-Al ser activista, ¿solés filtrar las marcas que te contactan según respeten tus ideales?

-No puedo trabajar con casi ninguna y con las que acepto trabajar, hago una acción solidaria aparte. A la gente le gusta ver que las marcas se comprometen con una causa. Por ejemplo, logré que se donen varias mochilas hechas con bolsas de silo recicladas a una escuela. No me interesa promocionar un producto que sé que no va a estar bueno. Y además, la gente se da cuenta.

-¿Qué rol cumpliría un influencer para con la sociedad según tu opinión?

-Es un rol bastante peligroso, porque no existen reglas de cómo comunicar. Es injusto seguir a alguien que te gusta, pero que constantemente sube contenido con mensajes subliminales porque le pagan. Uno elige seguir a la persona, no a la cantidad de marcas que financian su vida. Si tenés seguidores, tenés una responsabilidad.

El Robin Hood de las redes

Santi Maratea (27) comenzó en Instagram en 2015 y su pasión por hacer sorpresas a desconocidos lo llevó a tener hoy más de 575 mil seguidores. Su socia y amiga, Jessica Jalife, lo define como el “Robin Hood de las redes”, porque quiere compartir con las personas todo aquello que consigue. Desde objetos como parlantes hasta un auto, pasando por dinero.

Maratea no tiene límites cuando se trata de sorprender al otro. “Estuve 7 meses buscando a una persona para regalar un auto cero kilómetro. Se lo di a una chica que trabajaba en un comedor y lo necesitaba para transportar cosas. La otra vez lo vi en la calle. Fue muy loco”, detalló.

Tras haber sido expulsado de siete colegios por mala conducta, Santi investigó el estado de la educación actual mediante entrevistas que hizo en colegios de nuestro país y en China. “Siempre sentí curiosidad por la cultura oriental pero me sorprendí al enterarme que un niño se suicida por día en el colegio. No creo que tengamos nada que imitarles”, comentó Maratea.

Su interés por la educación no finalizó ahí: en 2018, impulsó una iniciativa que dio de qué hablar. El influencer convocó a través de las redes a todos los alumnos que se sentían no escuchados por las instituciones. Bautizó al evento con el nombre de “Faltazo Masivo Cultural” y reunió a más de 500 jóvenes en el Parque Centenario para debatir sobre mejoras en los colegios.

Lo mío no es caridad: no tengo que tenerte pena para regalarte algo.

Santi Maratea

-¿Cuáles fueron los reclamos de los jóvenes argentinos en el Faltazo Masivo Cultural?

-Me parece que de la falencia académica que tiene la educación te das cuenta recién cuando sos grande. Se habló mucho de situaciones que tenían que ver con no dejarlos expresarse. Reclamos que iban desde el querer escribir en la pared hasta cuestiones como llevar en la mochila un pañuelo verde. El colegio tampoco toma ninguna responsabilidad porque cree que los chicos no saben lo que quieren. Para mí no hay que darle todo al niño para que aprenda, sino entender qué es lo que quiere y que él tenga el poder de decisión.

-¿Cómo surgió tu interés por investigar sobre la educación?

-Nunca entendí la figura de la autoridad, por eso me cambiaron de colegio siete veces. Me parece que el sistema educativo actual te pudre la cabeza. Y mirá que fui a colegios de mucho prestigio.

-Debió ser difícil para tus padres…

-​Sí, ¡no fue fácil tenerme como hijo! Mis papás eran muy severos conmigo de chico, pero hoy en día considero que era necesario porque yo era muy pesado. Cuando cumplí 19 años me dijeron que me fuera de casa en horario laboral. Entonces buscaba kiosqueros a los que les pedía chocolates, no para quedármelos sino para dárselos a otros. Así comencé con las sorpresas, hasta que logré fusionarlo con Instagram.

-Tu biografía en Instagram dice: “No es caridad lo que hago” ¿Por qué?

-Si yo le regalo a un cheto un parlante, aunque siempre haya tenido todo, lo sorprendo; nunca le pasó que un desconocido le regale algo. Busco lograr que al otro le pase algo que pensó que no le iba a pasar. No es caridad: no tengo que tenerte pena para regalarte algo.

El foco bien puesto

Lino Hassan (22) no teme a los prejuicios de las redes. En 2016, comenzó a subir videos con más de 300 mil reproducciones, en donde sorprendía a personas en la calle con preguntas fuera de lo común. Al darse cuenta de la repercusión, comprendió que su objetivo en las redes era transmitir valores de forma genuina. Su pasión por la fotografía lo llevó a fundar, junto con un grupo de creadores de contenido audiovisual, la ONG Influos para concientizar a jóvenes sobre temáticas sociales y ambientales.

-¿Cualquiera puede ser influencer?

-Es una consecuencia de tu “para qué”. Es decir, los influencers se convierten en referentes por la forma en que transmiten su causa. Inspiran por la manera de manejarse en la vida y por su autenticidad. Todos somos influencers, porque en algún punto siempre inspiramos a algún familiar, amigo o conocido.

Nuestro primer proyecto fue documentar el trabajo en Africa del sacerdote argentino Juan Gabriel Arias, que se instaló allá para ayudar a las comunidades.

Lino Hassan

-¿Cómo surgió Influos?

-Un amigo, Ezequiel Rambla, hizo un evento convocando a fotógrafos influencers para que pudieran exponer su trabajo frente a sus seguidores. Como yo también saco fotos, fui y ahí nos conocimos. Después esa idea mutó en armar una productora audiovisual con impacto social y ambiental, donde usamos el poder de las redes para masificar lo que hacemos.

-¿Cómo eligen las causas?

-No esperamos que nos busquen las marcas, sino que pensamos en alguna necesidad del momento; hacemos una convocatoria y lo cubrimos con un film maker. Nunca nos faltó gente porque considero que el argentino es solidario. Nuestro primer proyecto documentar el trabajo en Africa del sacerdote argentino Juan Gabriel Arias, que se instaló allá para ayudar a las comunidades. Por ejemplo, logró que la Fundación Messi financie el desayuno de 15.000 chicos de escuelas de Mozambique.

-¿Qué contenidos transmitís?

Si hay algo que le falta al mundo es empatía y autoestima. Me gusta motivar e involucrarme con el otro. Hay quien empezó siendo seguidor y hoy es amigo.

¿Crees que tendrías más seguidores si no fueses auténtico y accesible?

-Sin dudas. Muchos de mis planteos últimamente fueron que no estoy teniendo tanto “engagement”: es porque no me trato como un ser superior, sino que me muestro como una persona normal con la que podés tomar un café. Es una contradicción muy grande: más genuino, menos followers.

Solidaridad virtual en cuarentena

El boom de estos meses confinados son los vivos de Instagram, donde los seguidores tienen un contacto en tiempo real con sus referentes favoritos. Unas de las estrellas de esta cuarentena fueron Santiago Maratea y Lizardo Ponce, que hicieron especular al público sobre una posible relación amorosa

. La pareja fue bautizada como “Santardo” y así Maratea duplicó la cantidad de sus seguidores este último tiempo. Piensa en retomar junto con su socia Jessica Jalife, la iniciativa de “Mil Pesos de Propina”.

“Es necesario reconocer el trabajo de los que hacen delivery que juegan un papel fundamental durante la cuarentena y se ven muy expuestos en su trabajo”, comenta. El objetivo es entregar al repartidor una prominente suma de dinero para destacar su labor a través de la cuenta de Instagram que lleva el nombre de la idea. “Cada vez que llegábamos a una determinada cantidad de seguidores, nos juntábamos para pedir comida y sorprender a la persona que la entrega”, concluye el instagramer.

Lino Hassan armó un espacio en su rutina que le dio el nombre de “Día de Contribución” para conectar las necesidades de sus seguidores con marcas o conocidos que pudieran brindarles una solución. Además, con la ONG Influos realizaron el 30 y 31 de mayo el primer festival solidario online con el objetivo de reunir fondos para colaborar con los más afectados por el Covid-19.

Por su parte, Connie Isla participó de dos vivos solidarios en los que se recaudó un total de 230.000 pesos para comprar máscaras para el personal de salud y para colaborar con elementos de higiene destinados a comedores de Córdoba. La situación económica también merece su atención. “Creo que los emprendimientos pequeños se encuentran en situación crítica y por eso trato de ayudar con difusión”, agrega la cantante.

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