El Marxismo como etiqueta ideológica en la actualidad

por Lucas Daniel Ponce

Si observamos la trascendencia de los grandes pensadores de la historia, aquellos quienes pareciera indispensable su aporte científico para el correcto estudio general en la actualidad, podemos darnos cuenta que funcionan como base teórica de diversas investigaciones, las cuales nos hacen retomar posturas y pensamientos en miras de obtener sustento en nuestras hipótesis. Efectivamente es así, lo que nos lleva a conocer de los mencionados es su trascendencia, la inmortalidad de los pensamientos que permanecen en el ámbito académico a lo largo de los siglos.

Desde un punto de vista filosófico, trascender incluye también la idea de superación o superioridad, la cual quizás no aplica para algún pensador, puesto que resulta una cuestión muy subjetiva el hecho de si un autor evolucionó o por el contrario decayó a lo largo de su existencia, por eso nos vamos a limitar a definir sus trascendencias como metáfora espacial, donde se pasa de un ámbito a otro atravesando el límite que los separa.

Mi profesor de Ciencias Políticas de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales en mi primer año de la carrera de Derecho nos dijo, para presentar la unidad sobre marxismo, que los tres sujetos pilares fundamentales de la historia del conocimiento fueron: Albert Einstein (con sus aportes en la Física); Sigmund Freud (con el Psicoanálisis); y finalmente Karl Marx (“con todo lo que vamos a ver estas semanas”).

Obviamente lo que subyace de un episodio así es una reacción particular en los oyentes, por lo menos así pasaba en mi entorno, nos divertíamos tratando de adivinar y calificar ideológicamente a cada profesor que nos daba clases, lo cual pareciera una cuestión un tanto contraproducente para el sistema educativo si analizamos las cuestiones que nos llevan a tildar al docente de izquierda o de derecha, por dar un vago ejemplo. Lo que quiero decir con esto es que quizás, la abundancia de perspectiva o subjetividad en la enseñanza de los temas dados resulta un rasgo evidente del adoctrinamiento, y claramente no debería ser de este modo; así entonces, con nuestros compañeros, llegamos a la conclusión de que cuanto más nos cueste descubrir con cual ideología se familiariza el docente, mejor es su capacidad de enseñar.

Por ahora solo puedo decir del mencionado profesor que no tengo ni la más pálida idea de que pensamientos deben hondar por su cabeza, una vez lo escuché hablando con un colega en el ascensor justo antes de las elecciones presidenciales, pero no pude entender nada de lo que dijeron; quizás si se lo preguntaba me hubiese contestado sin problema.

Para mantener la hilaridad discursiva cabe preguntarnos ¿y si el Marxismo solo fue una ideología de la época, dada la situación y el contexto, que resulta objetivamente irrelevante para la actualidad, pero que muchos actores sociales toman como postura para reivindicar la ideología que representan y sentirse identificados con una figura tan histórica como el mismísimo Karl Marx?; ¿por qué pasa esto?, ¿por qué una figura política de la Argentina como lo es Axel Kicillof se autoproclamó públicamente como Marxista?, ¿qué tipo de Marxista, hay diferentes tipos de Marxismo o es lo mismo decir que soy Marxista como decir que soy Ateo o como decir que soy hincha de River o como decir que soy clásico o por el contrario moderno?.

El Marxismo y hasta el mismo Marx fue tan estigmatizado que se lo llegó a simplificar de manera tal que los mismos políticos se atribuyen dicha ideología como un adjetivo de su persona, aunque no tengan la más pálida idea de las obras del susodicho.

A Marx se lo subestima a partir del momento que lo relacionan con la Izquierda, ¿pero acaso podemos comprender los pensamientos absolutos de un sujeto que se define como una persona de izquierda o de derecha?, la verdad es que no, podemos hacernos un juicio previo sobre su ideas generales, su forma de ver la política y la vida misma, pero si entramos en detalles, si empezamos a escuchar un poco más a la persona, nuestro juicio puede cambiar rotundamente; y es que en mi mismo entorno he llegado a simpatizar más con personas que se jactan de ser de izquierda que con las que se jactan de ser de derecha, y simpatizar en el sentido de que concuerdo con muchas de sus ideas.

Innumerables son las obras que podemos encontrar de Marx y sobre Marx, y de ahí radica otro de los problemas, Marx sufrió una constante “evolución” a lo largo de su vida académica; pero obviamente las obras que más trascendieron de él fueron las relacionadas al desarrollo de su antítesis capitalista y esto llevó a innumerables interpretaciones, las cuales a su vez llevaron a que el mismo Marx afirme que él no era Marxista.

El problema no fue Marx el problema fueron los Marxistas” decía mi profesor de Ciencias Políticas. ¿Quiénes fueron los principales culpables de esto? Pues, en mí interpretación, la escuela de Frankfurt y Antonio Gramsci, quienes fallaron en el intento de reivindicar al Marxismo como religión por parte del proletariado, pues quienes impulsan en la actualidad a dicha “ideología” son los movimientos sociales modernos tales como el feminismo de tercer ola, la comunidad LGTB u otras entidades autárquicas que se relacionan con el progresismo, por el contrario de la clase obrera la cual representaba dicha ideología.

¿Pero acaso habrá existido una derrota o por el contrario una reinvención del Marxismo desde otro lugar?; Ernesto Laclau y Chantal Mouffe nos ayudarán a unir este último eslabón.
Pero antes de concluir cabe cuestionarnos, ¿una reinvención no implica derrota si esta estuvo mal hecha?, teniendo en cuenta de que partimos de la hipótesis de que ningún lineamiento continuo de dicha corriente sigue de manera correcta los pensamientos de Marx. Algunos afirmarán que esta cuestión solo depende del objetivo de dicha reinvención, pero entonces ¿el hecho de que el objetivo haya sido modificado no implica cierta infidelidad al objetivo principal más allá de que esta reinvención no haya descartado los principios básicos de lucha originarios?; nadie se conforma solo con responder que los tiempos han cambiado y por eso el objetivo puede haber sido modificado, no implicaría una infidelidad por parte de los modernos pero sí cierto desviamineto a la lógica persistente y constante: opresor oprimido.

La cuestión radica en que el posmarxismo funciona solo como una revisión del pensamiento marxista y no como una actualización, por lo cual resulta incoherente que un animal político de la actualidad se autoproclame Marxista, es decir, ¿te atribuís un término que no existe de manera materializada en la actualidad sino solo de forma crítica que encima se presenta como una corriente de cambio constante hasta el punto de generar ciertas subdivisiones que rosan una dirección opuesta?; es absurdo.

Como ya dijimos las críticas a esta corriente tienen un enorme grado de representación por parte de Laclau y Mouffe, quienes plantean cierta desconexión con áreas centrales de lo que fue el Marxismo clásico, dividida en tres principales puntos: el primero acerca de la revisión de la categoría de totalidad abstracta propia de cierto tipo de marxismo estructuralista, esta refiere más a las versiones dogmáticas del marxismo original; el segundo sobre la puesta de un punto final sobre la superposición abstracta del conflicto de clases sobre otros conflictos para efectos del quehacer político concreto. Lo que ya mencionamos con anterioridad, luchas de género, étnicas, culturales, etc. No significa que la lucha de clases desaparece del Capitalismo; y por último la promoción de la apertura de las sociedades civiles y defensa de la teoría democrática como valor universal de la Modernidad Política.

Y así podríamos seguir encontrando diversas “revisiones” que no llegan a ser modificaciones pero que tienen como único fin reivindicar una corriente que, para ser insertada y reivindicada en la actualidad, el único medio factible que tiene para hacerlo es la modificación absoluta lo cual implicaría además una ruptura a aquellos principios dogmáticos de los cuales tantos personajes de la actualidad sienten orgullo pero que a la mera hora de actuar, a la hora de realizar lo fáctico, hacen caso mizo pues no sobrevivirían a la estruendosa superioridad del capitalismo que ha dejado obsoleto a todo tipo de estudio o investigación que tenga como alevosa pretensión revivir al Marxismo.
Nadie puede llamarse a sí mismo “ser Marxista”.

Lucas Daniel Ponce.

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