Manu Ginóbili: Un legado que trasciende el Básquet

Nuestra despedida al deportista orgullo de nuestro país

El día que tal vez nadie quería que llegue, llegó. Era inevitable, es cierto, pero todos teníamos esa pequeña ilusión de que Emanuel “Manu” Ginóbili jugase eternamente, o por lo menos, una última temporada más. Como si no hubieran bastado estos últimos años para ir despidiéndolo, poco a poco. Como si su retiro de la Selección Nacional no hubiese sido un anticipo del luto final.

Es que, tanto a fanáticos del básquet como a aquellos ajenos al deporte, Manu supo conmover sus vidas con su estelar juego, sus extraordinarias hazañas y sus grandes logros. Por eso, ante la noticia de su retiro, muchos hoy nos encontramos sin saber qué hacer, cómo tomarlo, cómo expresarlo en palabras.

En una ocasión, tuve la posibilidad de viajar a Estados Unidos y fui a ver un partido de San Antonio Spurs. En la previa, me acerqué para sacarme una foto con Manu y pedirle un autógrafo. Cuando estuve frente a él, todas mis emociones me inundaron, me avasallaron y me dejaron sin habla. Lo único que pude atinar a decirle, fue una simple frase: “Manu, sos un genio!”.

Yo jugué al básquet durante 10 años. Crecí viendo a Manu. Por eso, en el momento en que estuve frente a él, con la torpeza de quien no puede creer lo que está viviendo, con la falta de palabras por saberse ante su ídolo, muy rústicamente, pude expresarle lo que el básquet, la Generación Dorada y él representan para mí.

Hoy, al igual que 7 años atrás, sigo sin poder decir nada más que “Manu, sos un genio”. No tengo palabras, no puedo, no me salen. Quizá por eso existen los aplausos. Hoy aplaudo, ayer aplaudí y siempre aplaudiré su obra con la misma felicidad con la que la viví.

Por ahora, creo que es lo mejor que podemos hacer: aplaudir y reconocer, en silencio, una trayectoria impecable que deja grandes enseñanzas.

Desde el punto de vista estricto de sus méritos deportivos, Manu nos enseñó que un deportista argentino puede romper todos los límites.

En primer lugar, confirmó que es posible ir a jugar a Europa y lograr coronarse en la cima. Así lo hizo al ganar, con el Kinder Bologna, 1 Liga italiana (2001), 2 Copas de Italia (2001 y 2002), 1 Euroliga (2001) y ser elegido el MVP (Jugador Más Valioso) de las finales en la Liga italiana y en la Euroliga (2001).

En segundo lugar, antes de Manu era impensado para un basquetbolista argentino llegar a la NBA y permanecer jugando allí durante tanto tiempo. No sólo eso, sino conseguir 4 anillos de campeón de la NBA con los San Antonio Spurs (2003, 2005, 2007 y 2014), ser elegido el Mejor Sexto Hombre de la temporada 2007/2008, disputar 2 Juegos de las Estrellas (2005 y 2011) y formar parte del trío más ganador de la historia de la NBA (con Tim Duncan y Tony Parker ganaron 575 encuentros, superando al mítico trío de los Boston Celtics: Larry Bird, Robert Parish y Kevin McHale con 540 victorias).

A nivel Selección Nacional, Manu consiguió de la mano de la Generación Dorada, 1 Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, 1 Medalla de Plata en el Mundial de Indianápolis 2002 (pasando a la historia al derrotar al legendario “Dream Team”), 1 Medalla de Bronce en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, fue Campeón del FIBA Américas en Neuquén 2001 y en Mar del Plata 2011, entre otros tantos logros.

Debido a esto, Manu Ginóbili pasó a ser considerado por los especialistas como el mejor basquetbolista de la historia argentina, el mejor jugador de América Latina, uno de los mejores jugadores FIBA de todos los tiempos y el mejor extranjero en jugar en la NBA.

Pero también su herencia trasciende al deporte en general y al básquet en particular.

Como uno de los máximos referentes de la Generación Dorada, la trayectoria de Ginóbili debe entenderse, a su vez, desde una perspectiva cualitativa. Por eso considero que ya es momento de exceder los límites del básquet para poner el foco en el mensaje que deja su legado, buscando sopesar sus enseñanzas. También hay que aplaudir aquello que no se ve, pero que está presente.

En primera instancia, la base de su filosofía: la ética de trabajo. Una ética que consiste en aplicar el máximo de esfuerzo en todas las dimensiones de la vida. Orientar cada aspecto de la vida al logro de un objetivo y trabajar sobre eso.

En segundo lugar, la búsqueda de una identidad a partir de una idea. Esto, en concordancia con el punto anterior, significa la entrega a un ideal, a un “deber ser”: proyectarse a uno mismo y moldear, paso a paso, nuestro ser, a sabiendas que eso conlleva trabajar sobre nosotros mismos, yendo y viniendo constantemente.

Por otro lado, la construcción colectiva de esa idea. Entender que individualmente somos capaces pero que no podemos llegar lejos sin el trabajo con (y la ayuda de) otros. Implica reconocer el lugar de uno en un equipo, saber cuándo es conveniente tomar una decisión (o la palabra) y cuándo es conveniente que la tome el compañero.

Finalmente, la importancia de perseverar en el tiempo. El entendimiento de este aspecto, la sustentabilidad en el correr del tiempo, es otra enseñanza que nos deja el legado de Manu. Los resultados de cualquier índole, se consiguen con tiempo.

Ese mensaje, más allá de sus premios deportivos, es lo que personifica Manu. Su legado es su filosofía.

¿Quién fue Ginóbili? ¿Qué es Manu? Una idea, una filosofía de vida, una utopía. De personas como él, podemos y debemos aprender.

Mientras tanto, seguimos aplaudiendo.

Matias G. Truchet

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