Cuando la desconfianza agranda al dólar

Columna de opinión por el Economista Matías Martinez

Por lo general se cree que la economía funciona por grandes teorías o métodos difíciles de comprender si no se tiene conocimientos previos avanzados, pero la economía es más simple de lo que uno cree en cuanto a los pilares de su funcionamiento. La confianza es uno de ellos y, como en cualquiera relación de amistad o pareja una vez que se pierde, luego es difícil recuperar la misma respuesta de la contraparte. Se habla mucho del mercado, que se compone de grandes fondos y pequeños ahorristas que entregan su capital al gobierno esperando a que le devuelva el capital y los intereses prometidos. Analicemos cómo arranco esta relación y en qué momento se perdió la confianza:
Cuando asume la gestión actual prometió quitar el cepo, disminuir la inflación, el déficit fiscal, bajar los impuestos a la producción y mejorar los costos de la mano de obra local para poder invertir. Esas modificaciones darían competitividad productiva, ingresarían capitales (la famosa lluvia) y se incrementaría la producción que permitiría devolver el capital e intereses de la deuda tomada del mercado. La teoría cerraba por todos lados pero luego llevarlo a la práctica quizás no fuese tan simple como se anticipa en las reuniones de gabinete.

¿Cómo fue la realidad?

El cepo se liberó y se devolvió la confianza al mercado para disponer de la cantidad de dólares que desee a costa de un incremento de deuda en las famosas LEBAC´S. Pero vayamos a lo contundente: el gobierno prometió una reforma fiscal y laboral que disminuyera los costos internos y permita el ingreso de capitales en la economía real. Nada de esto sucedió, la reforma fiscal estuvo lejos de reducir impuestos, simplemente se limitó a bajar tibiamente algunos y aumentar otros; la reforma laboral sigue posponiéndose esperando el momento político que le garantice su aprobación. El mercado se cansó de esperar casi tres años y los resultados no se ven, pero no por una cuestión de cumplir la palabra, sino porque los poseedores de pesos en plazo fijos, lebac`s o bonos argentinos, creen que el gobierno no podrá pagar los compromisos del año próximo ya que no ingresan dólares por exportaciones, ni disminuyó el déficit sustancialmente como para lograr una viabilidad económica.

¿En qué fallo el gobierno?

Cada vez más economistas creen que el gobierno no tuvo un diagnóstico preciso de cómo se encontraba la economía, pero creo que además le faltó la experiencia política para negociar en el congreso las leyes claves; creyó que los resultados de las últimas elecciones era la respuesta de confianza que le haría llegar a la renovación de mandato y sólo logro repetir lo hecho por gobiernos anteriores: emitir dinero para financiar el déficit, contener la inflación con un tipo de cambio atrasado y refinanciar deuda con más deuda. Un combo explosivo que no dudaría mucho, lo que no corrigió el Estado lo está realizando el mercado por medio de la corrida cambiaria originada en mayo pasado.

¿Qué puede llegar a suceder?

El miércoles pasado el presidente expresó un mensaje de dos minutos en el cual no dijo nada, y el mercado le respondió con la mayor demanda de dólares. Por la noche el ministro de economía (Nicolás Dujovne) salió a decir que se gestionaría un adelanto del préstamo del fondo, a la mañana el billete verde continuó con el incremento. A media mañana el jefe de gabinete (Marcos Peña) despejo toda duda sobre alguna crisis, por la tarde el dólar cerro cerca de los $40. Dicho correlato de eventos demuestran la continuidad de la misma lógica de gestión, negar la realidad y responder con adelanto de créditos para financiar más deuda. Si en base a las mismas políticas el dólar no para de subir, ¿por qué creeríamos que en las próximas semanas no sucederá lo mismo?.

Lo preocupante es la economía real: la suba del dólar impacta sobre los insumos principales muchos de los cuales se negocian en la moneda extranjera influyendo sobre los productores y comerciantes que trasladan esos mayores costos a los precios finales. Mayor inflación retrotrae el poder adquisitivo de la sociedad, cae el consumo y consecuentemente disminuye la recaudación, alejándose la meta de querer disminuir el déficit fiscal.

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