La lógica del endeudamiento

Por el Economista Matías Martinez

Esta semana la salida de Nicolás Caputo como presidente del Banco Central volvió a generar incertidumbre sobre los mercados reflejándose en la disparada del dólar a casi $42. Es una particularidad de nuestro país cambiar de representantes de la entidad monetaria tan rápidamente, esta gestión ya es el tercero que presenta, la anterior no hizo algo diferente; ¿por qué cambiamos tan rápido el responsable en mantener la cantidad de dinero en la economía?: nos falta consistencia en nuestras políticas indudablemente.

Más allá de esa recurrencia en el particular funcionamiento monetario, ¿por qué estamos tan empeñado en tomar dinero e intentar convencer en que lo vamos a devolver?. Creería estar errados en el diagnóstico, los créditos en dólares se devuelven en esa moneda y la única forma de generarlos es con exportaciones. Para que nos compren en el exterior necesitamos vender a buen precio y calidad, además de generar un compromiso de abastecimiento continuo a través de un contrato. Esa es la lógica en la cual nos debemos enfocar, el problema no es de quienes no nos quieren prestar sino de nosotros que no queremos focalizarnos en ver cómo exportar más.

En este último punto aparece la dicotomía de las medidas tomadas actualmente, ¿cómo hacer para seducir a que los productores inviertan y exporten cuando, a su vez, los persuadimos con tasas en pesos del 60%?. Esto también lo lee el mercado, visualizando la falta de dólares que el año próximo pueda compensar lo que prestó, se anticipa y vende la deuda que tiene en su poder ejerciendo presión sobre el dólar. Esa es contradicción de la que no se habla, aunque el propio Ministro de Producción y Trabajo Dante Sica haya afirmado que las altas tasas son perjudiciales para la producción pero necesarias. Estamos ante la presencia de la necedad de querer convencer que con mayor ajuste se podría dar señales al mercado de previsibilidad en los presupuestos futuros, caída en la inflación y pago de la deuda con dólares genuinos de la producción interna.

Sería casi una excepción que suceda eso por cuestiones esenciales presentes en la economía real; por ejemplo, el productor involucrado en exportaciones (avícola, cerealero, ganadero, entre otros) para iniciar su ciclo productivo necesita crédito, pagar insumos dolarizados y mantener los altos costos internos en materia impositiva. La otra opción es depositar su capital en bonos o plazo fijos en pesos con tasas del 60%; es decir:

¿Arriesgo en una economía cara impositivamente y con imprevisibilidad en cuestiones como el precio de los insumos, o irse a una renta fija del 60%?.

La quita del cepo cambiario era una condición necesaria pero no suficiente para encaminar la confianza del mercado, además se necesita resolver las distorsionas internas: impuestos altos, evasión impositiva y costos laborales únicos en la región. El tecnicismo no pudo en el mundo político, negociar una reforma tributaria que reduzca los costos de producción y de contratación de trabajadores era la respuesta que esperaban los mercados para sentir las condiciones que hoy quiere convencer con ajuste. Los cambios estructurales eran necesarios al inicio de la gestión, el endeudamiento en dólares hubiese sido productivo para financiar el periodo de adaptación de la baja o quita del impuesto a los ingresos brutos, aportes patronales o blanqueo en el mercado laboral. Lo que no se hizo en su momento para modificar los problemas estructurales en la producción, y que se justificó con la falta de votos en las cámaras para su implementación, los mercados lo corrigieron con una corrida bancaria.

Desde el 2010, donde comenzó el déficit en la balanza comercial, los economistas venimos advirtiendo la necesidad de modificar los pilares productivos para dejar de depender del crédito externo en el financiamiento del gasto. Ni el gobierno anterior ni el actual modificaron la estructura productiva con un perfil exportador que estimule la generación de dólares que financien las importaciones en bienes y servicios necesarias en la economía interna. Hoy vamos hacia una década perdida ya que, en promedio, desde el 2012 hasta la actualidad el PBI per cápita en dólares no hay variado. Si seguimos probando con las mismas herramientas, conseguiremos los mismos resultados.

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