Una nueva ordenanza hacia la producción agroecológica de frutillas en Arroyo Leyes

Desde la Comuna aseguran que la nueva norma, que debería aprobarse antes de fin de año, define que la producción deberá ser agroecológica. Cómo es la experiencia piloto que están realizando.

Purín de ortiga, decocción de equisetum, algas fosilizadas y purín de bolillas de paraíso forman parte de la receta agronómica para encontrar una salida al conflicto por la producción de frutillas en Arroyo Leyes, que desde hace años enfrenta a algunos vecinos y ambientalistas con los productores de la zona, con picos de tensión que han terminado con denuncias por amenazas en la Justicia (la última hace menos de un mes).

El plan de ordenamiento territorial, que se analiza en el Comité Interministerial de Ordenamiento Territorial (CIOT) del gobierno santafesino, establece que en las zonas de proximidad urbanas (periurbanas) el uso permitido será el agroecológico (agricultura sustentable). La Comuna estima que esta norma, estratégica para el futuro de Arroyo Leyes, se va a aprobar antes de fin de año.

“La producción de frutillas deberá ser agroecológica en toda la jurisdicción, es lo que va a establecer la ordenanza. Con el Ministerio de la Producción se conversó que se fijará un plazo de tres años para asistir a los productores en la reconversión a este tipo de manejo, que ya comenzamos a probar con algunos de ellos para que se convenzan de que es viable”, le contó a El Litoral Eduardo Lorinz, presidente comunal de Arroyo Leyes.

La experiencia piloto con cinco productores —hay más de 20 en esta localidad— se ensayó en la última campaña. Con asesoramiento de ingenieros agrónomos que contrató el Ministerio de la Producción de Santa Fe se probó un manejo “sin agroquímicos” —“agrotóxicos” para los ambientalistas— en cinco surcos que aportaron las productores (que también se hicieron cargo de los plantines).

Los mismos ingenieros reconocen que no cumple con los requisitos para ser considerado “agroecológico”, un sistema integral que incluye certificaciones —que demuestren que se produce sin herbicidas, fungicidas ni plaguicidas—, trazabilidad y hasta la dimensión social de las personas que trabajan en “la quinta”. Pero al menos sirve para que los propios productores vean cómo son las frutillas que se cosechan.

Hay distintos biopreparados que se pueden utilizar, en esta primera experiencia el manejo se concentró en seis puntos:

  1. Purines de ortiga: se elabora con la planta silvestre que se deja fermentar para estimular el crecimiento radicular y vegetativo. También realza el sabor.
  2. Decocción de cola de caballo: es la planta equisetum, que crece cerca del agua. Se la utiliza para prevenir el desarrollo de hongos (como fungicida biológico preventivo) por su alto contenido de sílice.
  3. Purín de bolilla de paraíso: es el mismo árbol que está en las veredas de los barrios santafesinos, que en este caso se procesa para usarlo como insecticida (con dos o tres aplicaciones por semana).
  4. Tierra de diatomeas: parece un talco blanco, pero en realidad proviene de algas fosilizadas y sirve como insecticida ecológico contra distintos insectos.
  5. Biofertilizante: se elabora con levadura, azúcar, bosta de vaca, agua, leguminosas y sales o ceniza.
  6. Fertilización Foliar Orgánica (FFO): es un bioestimulante foliar que produce una empresa de San Carlos. La empresa asegura que puede usarse en producciones agroecológicas y periurbanas, y que está aprobado como insumo para producciones orgánicas.

Como es la primera campaña que prueban este manejo, los resultados todavía son preliminares: algunos productores comentaron que esos surcos rindieron más que los otros —o un volumen similar— y que la frutilla es más dulce, pero todavía faltan datos centrales: rendimiento, análisis sobre la calidad e inocuidad de la fruta y de residuos de plaguicidas y fungicidas químicos, porque en los surcos de al lado se sigue haciendo un manejo “convencional” y puede haber deriva.

Para “evitar” esa deriva cuando se pulverizan los lomos convencionales, los que se están produciendo sin químicos se tapan con el mismo plástico del microtunel.

Otra cuestión que aprendieron es que el manejo con biopreparados implica más trabajo. Los productores deben estar “encima del surco”, porque es necesario hacer más aplicaciones de los purines y biofertilizantes.

Un camino diferente

Hay mucho para mejorar, pero es un primer paso en una dirección distinta a la del enfrentamiento. Y cuando se sancione la ordenanza de ordenamiento territorial los más de 20 productores de frutillas de Arroyo Leyes deberán seguir esta senda, según la Comuna.

“Tenemos la población repartida de punta a punta y siempre las quintas están cerca de alguna urbanización. Estimamos que hay entre 80 y 100 hectáreas de frutillas y algunas hortalizas. Lo interesante es que el manejo agroecológico potencia el perfil turístico de la zona y este primer ensayo que se hizo logró buenos resultados. También creemos que hay que desarrollar una marca distintiva para nuestras frutillas, con una forma de comercialización diferente porque van a tener mayor valor”, insistió Lorinz.

El presidente comunal destaca que Arroyo Leyes es el pueblo que más creció en la provincia. En el 2010 había 3.012 habitantes y ahora estima que viven más de 8.000 personas, que en su gran mayoría vinieron desde Santa Fe. El boom inmobiliario aceleró la necesidad de encontrar una salida a las tensiones entre los productores y los vecinos.

La realidad es que para que el manejo agroecológico funcione va a ser necesaria una gran capacidad de articulación de parte del Estado —específicamente desde el Ministerio de la Producción—, para asistir a los productores en la reconversión —probablemente difícil desde el puntos de vista económico— y en la creación de un circuito comercial que valorice estas frutillas. También controles constantes que generen confianza —del Senasa, de la Assal— y que permitan avanzar hacia certificaciones que hasta podrían generar un nicho exportador de alto valor.

Fuente: El Litoral

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