El problema son los impuestos

La media sanción en el poder legislativo santafecino para incrementar el impuesto a los ingresos brutos y la creación de un gravamen nacional a las indemnizaciones, conjuntamente con la actualización del impuesto a los bienes personales, dificulta la reactivación de la economía en situación de recesión.

Durante la semana pasada se conocieron dos noticias que no deben pasar desapercibidas si queremos modificar la realidad económica del país: la media sanción al incremento del Impuesto a los Ingresos Brutos en la Provincia de Santa Fe y la imposición del impuesto a las indemnizaciones a nivel nacional sumado la actualización del impuesto a Bienes Personales.

Los Estados (nacional y provinciales) creen que es la respuesta inmediata a los rojos financieros en sus arcas públicas, pero no hacen otra cosa que disminuir la recaudación futura, ya sea vía cierre de empresas o evasión impositiva. Esto se debe a que la globalización económica cada vez hace que los países sean ciudades conectadas y, si un país competidor cercano aplica una disminución en los impuestos a la producción de sus empresas obtiene competitividad por medio de costos y, por ende, a igual calidad y característica de producto desplazaría del mercado al de mayor presión tributaria.

Los economistas muchas veces somos tomados como gurúes que ofrecen recetas abstractas alejadas del contexto social o económico de un país; esta apreciación se soluciona presentando ejemplos factibles. Hungría, país con indicadores económicos y sociales similares a nuestro país, pasó de una carga tributaria a las empresas de 32,7% en el año 2000 a 20% en la actualidad; no solo dio competitividad a las empresas y estímulo a la inversión ya que los costos productivos disminuyeron, sino que además la recaudación tributaria no cayo debido a la compensación de los ingresos impositivos por el aumento en la producción. Ahora, ¿qué pasa en nuestro país?: el porcentaje de los impuestos sobre el PBI era del 13,7 en 1990 y en la actualidad es del 31,3; se revierte la realidad húngara en referencia a los índices de inicio y finalidad en ambos períodos.

La teoría económica postula, bajo la curva de Laffer, que un incremento en los impuestos cuando la presión tributaria es alta no sólo no incrementa la recaudación, sino que la disminuye al incentivar la evasión impositiva o el cierre de actividades que pierden rentabilidad. Estamos en la trampa de la curva de Laffer creyendo que el problema del déficit se resuelve obteniendo recursos de actividades que presentan rentabilidad, pero ninguna empresa se instalara en una economía que sale a la caza de aquellos sectores que evidencian ganancias. El resultado es el estancamiento del nivel de exportaciones a niveles del año 2011, expansión del empleo estatal y baja productividad en las actividades en expansión como la venta callejera, entre otros.

El empleo formal y calificado es la principal herramienta para no caer en situación de marginalidad o precariedad. Hoy muchas provincias poseen porcentajes considerables de empleo estatal con salarios que están por debajo de lo necesario para no caer en la pobreza; aquí es donde aparece la ineficiencia y distorsión en la economía: se le detrae recursos a la actividad privada y termina financiando empleo estatal precario. Hoy el sector privado tributa un 43% en el sector alimenticio, 58% en el automotriz, 50% construcción y 55% combustible; más aún ante la alta deuda pública en pesos y dólares es necesario obtener recursos para afrontar esos compromisos y no caer en default, contraer esos niveles resulta esencial. Sin recaudación no existe pago de la deuda, pero sin producción y exportaciones desaparecen esas capacidades de pagos, y estos son los indicadores que miran los tenedores de deuda a la hora de decidir renovar la tenencia de los títulos.

Esta última semana hemos retrocedido en el camino de solucionar el déficit fiscal con la imposición de nuevos impuestos y el incremento en el gravamen de otros; pero volviendo a Hungría, ¿qué necesito para lograrlo?: primero un proyecto con la voluntad de mejorar la actividad privada y no la especulación que genera incertidumbre.

El ejecutivo nacional había establecido un pacto fiscal con las provincias para disminuir Ingresos Brutos, principal escoyo en la estructura de costos de las cadenas productivas regionales, pero luego recorto el Fondo Federal Solidario y los subsidios al transporte no establecidos en el pacto previo. En segundo lugar, en Hungría los compromisos se cumplieron lo que provocó un ambiente de confianza entre el Gobierno y el sector privado, el primero se beneficios con mayores ganancias y el Estado con el cumplimiento de sus obligaciones ante la sociedad: creación de empleo formal con niveles salariales que superen los índices de indigencia y pobreza. Las altas tasas de interés son la manifestación del costo de la desconfianza y hoy, en nuestro país, para re financiar nuestros compromisos estamos dispuestos a pagar un 70% del capital inicial.

Noticias relacionadas