Ilena Zanella, la científica que ganó el “Oscar verde” por crear el primer santuario de tiburones de Costa Rica

Bucear con tiburones cambió la vida de Ilena Zanella.
“La primera vez que vi un tiburón martillo quedé impactada por su belleza”.
“Son criaturas muy nobles. Sentí que eran muy vulnerables porque son muy tímidos y se asustan fácilmente con las burbujas y movimientos de los buzos”, le relató la bióloga marina costarricense a BBC Mundo.
“Sentí una gran energía y el compromiso de actuar. Después de esto, decidí dedicar mis estudios y mi trabajo a la protección del tiburón martillo”.
Zanella fue una de las científicas que recibió este mes en Londres el prestigioso premio Whitley de conservación, que otorga cada año la fundación del mismo nombre.
El galardón, que algunos llaman el “Oscar verde”, fue concedido por el trabajo que ha hecho junto a su organización, Misión Tiburón, y que hizo posible el establecimiento del primer santuario para tiburones de Costa Rica.
“Son animales que han sido malentendidos y es por esto que generalmente las personas no tienen empatía hacia ellos”, afirmó la bióloga.
“Los tiburones a veces atacan pero por equivocación. De hecho, la mayoría de los ataques ocurre en aguas turbias o donde hay mucho oleaje, donde ellos no ven bien y se equivocan, y creen que los humanos son presas como focas o tortugas”.

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Tiburones martillo
“Desde niña fui apasionada por el mar. Los recuerdos más felices de mi niñez son en el mar, por esto decidí estudiar biología marina”, relató Zanella.
La científica costarricense vio un tiburón martillo por primera vez cuando visitó en 2004 el Parque Nacional Isla del Coco.
Cinco años después, nació Misión Tiburón.
“Los promotores de Misión Tiburón fuimos mi esposo, Andrés López, y mi persona. Ambos somos biólogos marinos, buzos apasionados y grandes soñadores”, afirmó Zanella a BBC Mundo.
Los esfuerzos de la organización se centran en el tiburón martillo, Sphyrna lewini, una especie migratoria cuyas poblaciones han declinado drásticamente en todo el mundo (hasta un 75%) debido en particular a la sobrepesca.

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La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN, considera al tiburón martillo una especie en peligro de extinción.
Criaderos en la costa
Cuando los tiburones martillo se acercan a la madurez sexual, aproximadamente a los 4 o 5 años de vida, inician migraciones hacia aguas abiertas, donde son vulnerables a la pesca de palangre pelágico, que usa líneas de anzuelos que flotan en la superficie.
En las islas oceánicas del Pacífico Este Tropical (Isla del Coco, Malpelo y Galápagos) se congregan adultos, por lo que durante mucho tiempo los esfuerzos de conservación se centraron en islas oceánicas donde hay áreas marinas protegidas.
Pero “las hembras tienen sus crías en áreas de crianza, generalmente ubicadas en la costa, cerca de desembocaduras de ríos, bahías, manglares, donde las aguas son altamente productivas y turbias”, explicó Zanella.
“De esta forma los juveniles se pueden alimentar fácilmente y ocultar de los grandes depredadores”.
Los esfuerzos de conservación también deben enfocarse en las zonas costeras, según la bióloga.
“Es necesario tener una visión integral y entender el ciclo de vida de esta especie amenazada”, afirma. “Es simple: si no tenemos juveniles hoy, no tendremos adultos en el futuro”.
Primer santuario
Desde 2010, Misión Tiburón trabaja en Golfo Dulce, un fiordo tropical rodeado de manglares y bocas de ríos en el Pacífico sur de Costa Rica.
Los biólogos colocan marcas o etiquetas en los tiburones para monitorear sus movimientos y recolectan información relacionada con la pesca local.
Tras varios años de investigación, Zanella y sus colegas probaron que Golfo Dulce es un área vital de crianza para el tiburón martillo.
En mayo de 2018, el gobierno de Costa Rica declaró los humedales de Golfo Dulce como “Santuario Tiburón Martillo Golfo Dulce”, el primer santuario de tiburones en el país.
La declaración fue un reconocimiento al trabajo realizado por Misión Tiburón y a la importancia de Golfo Dulce como área de crianza de tiburones martillo.

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Carne en restaurantes
Pero aún con un santuario, Zanella sabe que una de las claves para proteger al tiburón es la cooperación con las comunidades de pescadores.
La carne de tiburón martillo juvenil es vendida libremente en restaurantes y supermercados, aunque “la libre comercialización de una especie en peligro de extinción es un atentado contra la naturaleza”, señaló la científica.
“Esto ocurre porque los tiburones son considerados solo recursos pesqueros”.
La mejor medida de protección, según Zanella, es cerrar a la pesca hábitats críticos, lo cual representa un gran reto para comunidades locales que viven de esa actividad.
“Por esto estamos trabajando en una estación educativa que involucre las comunidades en la protección del tiburón martillo, realizando actividades educativas, campañas informativas y ofreciendo capacitaciones a jóvenes (…) con el fin de desarrollar actividades económicas responsables con la vida marina, como alternativas a la pesca”.
Y agregó: “Solo con el compromiso de las comunidades se puede alcanzar una protección real”.
Amor y pasión
Para Zanella, la creación del santuario en Golfo Dulce es apenas el comienzo, ya que Costa Rica posee 10 veces más área marina que terrestre.
“En la tierra, nuestro país tiene el 25% de su área protegida, pero en el mar apenas tiene el 3%. Costa Rica ha sido famoso en todo el mundo por ser un país verde, pero definitivamente no es un país azul”, afirmó la bióloga.
“Es necesario crear más áreas protegidas marinas, en particular en zonas costeras, que permitan la regeneración de la vida acuática, lo cual a la larga brindaría enormes beneficios a las comunidades costeras”.
Según Zanella, “todo lo que se hace con amor, pasión y dedicación resulta muy bien”.
Y, en este sentido, afirmó: “Quien se dedica a la conservación lo hace por su pasión. Creo que es más que un trabajo, es una manera de vivir”.
El Deber

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