Pandemia Hábitat y Biodiversidad – Reflexiones Primarias

¿Son los desequilibrios ecológicos redundantes en una considerable pérdida de biodiversidad causa probable de la migración de distintos virus de animales al hombre? El eje ambiente y salud en foco.

María Angélica Sabatier  es docente e investigadora FADU-UNL, especializada en Formación en Competencias para la Sostenibilidad. Ingeniera en Recursos Hídricos. Magister en Gestión Ambiental, Doctoranda en Educación de las Ciencias.

 

No resulta fácil pensar el porqué de la pandemia desarrollada por una nueva cepa del corona virus cuando se está en cuarentena obligatoria desde hace días y se viene de un aislamiento voluntario previo.

Las preguntas se multiplican y se profundizan; las respuestas escasean ante tanta catástrofe sanitaria cruzada por múltiples emociones que es difícil poner en caja. Amigos lejos, afectos confinados, amenazados, es todo un desafío.

Sólo pueden rumiarse algunas pocas reflexiones que evolucionan conforme se analizan sistémica y sistemáticamente algunas cuestiones.

Cuando digo catástrofe sanitaria, no me refiero al número de infectados –que alcanza el orden de los millones en el caso del dengue[1], ni a la cantidad de decesos por el nuevo coronavirus ya que hay muchos más al año por otras causas como desnutrición, hambre, agua no potable, y otras enfermedades o condiciones que gota a gota nunca llegan a derramar el vaso[2].

Ha sido la enorme velocidad de difusión del contagio y la modalidad en que se produce lo que ha dejado atónitos a los científicos, entre otras cosas. En cierta manera una metáfora de la voracidad y velocidad creciente con que el hombre, los llamados agentes productivos, van devorando los recursos naturales para generar y acumular bienestar, confort y renta.

Hay ya muchas posibles explicaciones ensayadas de manera algo lineal que, cuando son analizadas en detalle, vienen a resultar más bien indicadores de los hechos que concatenados de un modo u otro, han llevado a este estado de cosas.

También han aparecido ya algunas voces que reflexionan en torno al coronavirus y cambio climático[3], por ejemplo; pero no logran demostrar que haya una relación razonable entre ellos sin ir hacia las raíces de ambos fenómenos, planetarios los dos pero no directamente vinculados. Seguramente se deba a que ambos son efectos,  no causas y, menos uno del otro.

Crisis climática es un efecto del calentamiento global. Coronavirus, como veremos, de la destrucción de hábitat y la pérdida de biodiversidad.

Y aquí es dable señalar que el concebirse durante décadas al cambio climático como causa de diversos fenómenos[4], se ha sacralizado el poner el ojo en las consecuencias y no en el origen, en la raíz del problema, y eso confunde y mucho.

No puede considerarse sólo un error, metodológicamente hablando. Ha sido más bien una estrategia, un modo sistemático de  desviar la atención hacia las consecuencias, no sólo en relación con los gobiernos nacionales y sub-nacionales, también con las ciudades y sus administraciones (la agenda XXI local, adoptada en Rio 92 por ejemplo) , pero sobre todo para con la prensa y especialmente para con la ciencia, que desde los fatídicos y neoliberales años 80 va compitiendo por fondos que se asignan por prioridades que no siempre o casi nunca se establecen  de modo participativo y por consenso científico y ciudadano. Quizás por esto ciertas categorías de stakeholders han perdido algún nivel de credibilidad en la academia en general y la ciencia en particular, considerándolas claramente alineadas con el mercado y el establishment.

Sólo cuando se pone en profundidad  la mirada en el modo en que se han alterado -como resultante de un modo de producir y consumir durante décadas[5] en una multiplicidad de enclaves alrededor del mundo- los de por si complejos equilibrios ecológicos,  es posible encontrar posibles bucles relacionales explicativos, recurriendo al enfoque sistémico – ese que pone el énfasis en las relaciones entre las componentes de los sistemas-  para poder ensayar cadenas de efectos sin confundir causas con consecuencias y viceversa.

En un artículo muy reciente[6], realizado a partir de estudios científicos de inapelable calidad y publicado en simultáneo por distintas vías, se expone una hipótesis de particular consistencia, que sitúa a los desequilibrios ecológicos redundantes en una considerable pérdida de biodiversidad como causa probable de la migración de distintos virus de animales al hombre.

El eje ambiente[7] y salud en foco, de modo brutal.

Se aportan tres versiones del mismo texto– y por favor vea las tres- porque es muy interesante recuperar de todas ellas imágenes que explicitan situaciones casi cotidianas y por ello naturalizadas y comentarios que nutren reflexiones diversas. El mismo texto se presenta de modos diferentes y esa diversidad formal también aporta lo suyo.

No tiene sentido reproducir aquí el contenido del artículo mencionado ni de otros de significativa pertinencia, es mejor que ustedes los vean, los analicen y los internalicen para poder pensar el cambio imprescindible que debe ser encarado aun en plena pandemia.  Sólo se recuperan tres párrafos que contienen conceptos centrales

“La investigación en salud humana rara vez considera los ecosistemas naturales circundantes”, dice Richard Ostfeld, distinguido científico senior del Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas en Millbrook, Nueva York. Él y otros están desarrollando la disciplina emergente de la salud planetaria, que analiza los vínculos entre la salud humana y la del ecosistema. Desequilibrios ambientales y salud se torna asi un eje prioritario en el que deberán suceder cambios significativos

Por su parte Kate Jones, del University College de Londres dice que el cambio debe provenir de sociedades ricas y pobres. “La demanda de madera, minerales y recursos del Norte Global conduce a los paisajes degradados y la alteración ecológica que provoca enfermedades”, dice ella. “Debemos pensar en la bioseguridad global, encontrar los puntos débiles y reforzar la provisión de atención médica en los países en desarrollo. De lo contrario, podemos esperar más de lo mismo”. Sólo este párrafo de tiene la suficiente tela para cortar y poner en cuestión el modo en que la sociedad viene generando la crisis civilizatoria que a modo de boomerang termina acechándola, con la salvedad de que las responsabilidades son asimétricas.

A su vez, Brian Bird, un virólogo investigador de la Universidad de California[8], expresa que “Estamos en una era de emergencia crónica. Es más probable que las enfermedades viajen más lejos y más rápido que antes, lo que significa que debemos ser más rápidos en nuestras respuestas. Necesita inversiones, cambios en el comportamiento humano, y significa que debemos escuchar a las personas a nivel comunitario”. Aquí hay también suficiente tela para cortar, y aparece con nitidez eso de lo local-global, esto es cómo un asunto puntual se convierte de pronto en una cuestión global.

Lo que sí tiene sentido es remarcar que la machacada lucha contra el cambio climático -que viene a ser algo asi como luchar para bajar la fiebre en vez de atacar las causas de la misma- ha puesto en un segundo o tercer plano cuestiones como la pérdida de diversidad y sus efectos, configurando una espiral en la que no se toma tan en cuenta el eje hábitat y salud hasta que, cada vez con mayor frecuencia, un brote viral es percibido como una amenaza.

Pero ahora la amenaza es planetaria, hay cientos de países afectados, cientos de miles de personas infectadas y un número de muertos que como ya se ha dicho están por debajo de las cantidades de decesos anuales por dolencias evitables y controlables, pero impacta porque se producen como en catarata y no gota a gota.

Así, como el calentamiento global generado por la enorme emisión de gases de efecto invernadero resulta ser la causa principal del cambio climático planetario que a su vez genera acidificación de océanos, derretimiento de hielos considerados permanentes, etc, la constante pérdida de biodiversidad aparece como la muy probable causa de la aparición constante de virus que además de ir variando su apariencia, estructura y modalidad, desarrollan estrategias diversas

Entonces, calentamiento global es a cambio climático lo que pérdida de biodiversidad es a infecciones virales que devienen en epidemias de distintos niveles o pandemias como la que nos tiene contra la pared. Un asunto harto complejo que quedó en muy segundo plano en la agenda de los poderosos. Por eso esta emergencia – esto que surge como de pronto y de modo inexplicable- se está llevando por delante a los países más poderosos del planeta, gobernados por personajes que no bajaron de una nave espacial y que con el poder otorgado han desmantelado la infraestructura de salud, o debería decir mejor de atención de la enfermedad?[9],  han sostenido las prácticas que generan y sostienen todos tipo de desequilibrio ecológico y social y desfinanciando – o financiando selectivamente- áreas de producción científica. Así, podría decirse que es más lo que no sabemos que lo que sabemos, pero sobre todo que lo que se sabe no es tomado en cuenta y que los que saben no son escuchados como se debe.

Retomando, entonces, catástrofe sanitaria es que no se escuchen casi las voces de los científicos que viene estudiando los efectos de los desequilibrios ecológicos en general y de la pérdida de biodiversidad en particular, sobre la salud humana. Algo tan viejo como la humanidad, pero apenas si comenzando a tener entidad como campo de estudio de relevancia

Catástrofe sanitaria es que mueran todos los años cientos de miles de personas por enfermedades evitables y controlables como las asociadas al consuno de agua de dudosa o nula calidad, el dengue que ha extendido sus fronteras en la clarísima tropicalización de regiones antes caracterizadas por clima templado con cuatro estaciones

Catástrofe sanitaria es que en pleno siglo XXI las personas mueran por hambre y deban recurrir a destruir su propio hábitat para sobrevivir.

Catástrofe sanitaria es que esto se haya tornado cotidiano, que esté naturalizado, que los gobiernos apenas si lean las estadísticas resultantes y que las sociedades ricas se conformen con donaciones que suelen ser menores que las hechas para reconstruir Notre Dame.

Lo cierto es que esta “emergencia” trae muchas lecciones, muchas más de las que estamos viendo ahora.

Lecciones que seguramente moldearán otro mundo del mañana[10]. El que pensábamos ya no será. Ya hay reflexiones al respecto, Harari [11],  por ejemplo,  nos presenta al  menos algunos escenarios, que no es seguro sean los únicos.

Como sea, algo ya ha cambiado y no tiene vuelta atrás: ya no podemos desconocer la enorme complejidad que implica habitar un mundo común [12], no es sólo cuestión de coexistencia de distintas culturas como le gusta a algunos presentar la situación actual  de la mano de imágenes de gentes que comen asquerosos – para otros- bichos crudos; es mucho más que eso, es poner en sintonía los procesos de la naturaleza, buscar y sostener equilibrios ecológicos y pensar en la gente primero, las bolsas de valores y los mercados, después.  Que haberlo hecho al revés nos trajo hasta aquí.

 

*Docente e Investigadora FADU-UNL, especializada en Formación en Competencias para la Sostenibilidad. Ingeniera en Recursos Hídricos. Magister en Gestión Ambiental, Doctoranda en Educación de las Ciencias Experimentales.

 

 

 

[1] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/dengue-and-severe-dengue

[2] 8.500 niños mueren cada día de desnutrición y según las estimaciones de Unicef, el Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la División de Población de Naciones Unidas, se calcula que 6,3 millones de niños menores de 15 años murieron en 2017 por causas, en su mayoría, prevenibles. https://eacnur.org/blog/cuantos-ninos-mueren-de-hambre-al-dia-tc_alt45664n_o_pstn_o_pst/

Por tercer año consecutivo, más de cien millones de personas sufrían la forma más grave de hambre, según datos relativos a 2018. Además, otros 143 millones de personas en el mundo estaban a un paso de ese destino. El clima y los desastres naturales condujeron a 29 millones de personas a esta situación. En América Latina, 4,2 millones de personas no tienen qué comer. El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, los países que forman el llamado corredor seco, albergan 1,6 millones. https://news.un.org/es/story/2019/04/1453791

[3] https://www.clarin.com/opinion/coronavirus-cambio-climatico_0_HxKQIlA6.html

 

[4] Alteración de régimen de lluvias, variaciones significativas en la temperatura, huracanes y tormentas tropicales más frecuentes e intensas, etc.

[5] Desde por lo menos los años 50, aunque hay producción científica y advertencias varias desde fine siglo XIX. Sabatier, MA; “Formación en Competencias para la Sostenibilidad”.Tesis de Maestria en Gestión Ambiental  defendida en Dic 2018, FICH UNL

[6]a) https://ensia.com/features/covid-19-coronavirus-biodiversity-planetary-health-zoonoses/

  1. b) https://www.theguardian.com/environment/2020/mar/18/tip-of-the-iceberg-is-our-destruction-of-nature-responsible-for-covid-19-aoe
  2. c) https://www.scientificamerican.com/article/destroyed-habitat-creates-the-perfect-conditions-for-coronavirus-to-emerge/

[7] Como expresión de una crisis civilizatoria sin precedentes

[8] School of Veterinary Medicine, One Health Institute, donde dirige actividades de vigilancia relacionadas con el ébola en Sierra Leona y en otros lugares.

[9] Asistir a la salud es en primer lugar mantenerla, protegerla, no generar situaciones que la deterioren al punto de generar enfermedad y muerte. Y eso vale para todo el arco de actividad humana y tanto para la salud física como mental.

[10]https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html

[11]https://www.infobae.com/economia/2020/03/20/yubal-harari-y-el-coronavirus-el-guru-futurista-alerto-sobre-los-riesgos-de-un-mundo-que-sera-completamente-distinto-despues-de-la-pandemia/

[12] Morín Edgar, padre de la teoría de la complejidad, a sus 98 años.

 

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