IDEAS PARA INCORPORAR SIN SOPA (DE MURCIELAGO)

Nota de opinión por Antonio Giuliani

 

Una pregunta que subyace en el pensamiento de las personas en situaciones inéditas es la referida a las consecuencias (más allá de lo sanitario o estrictamente económico) que tendrá la pandemia en la sociedad. A veces (quizás hasta con desmedido entusiasmo) se cae en la reflexión simplista “nada será igual después del virus”. Como si la reacción de las sociedades ante situaciones inesperadas no tuvieran nada que ver con las características de ese tejido antes que se presentara esa situación. Hoy los heraldos del achatamiento en los estándares de vida occidentales y del antisemitismo (como el caso de la embajadora argentina Alicia Castro) creen vivir su hora más gloriosa pregonando el ocaso de Estados Unidos y Europa, anhelando los modelos totalitarios en lo político pero de capitalismo texano en lo económico como lo son Rusia y China.
La historia nos muestra que aquellas sociedades más azotadas por una calamidad mundial (quizás la segunda guerra sea el ejemplo más utilizado pero también el que mejor se adapta a la influencia sicológica que tuvo en el mundo) son las que con el devenir de los tiempos resultaron más fortalecidas. Y las que mantuvieron una actitud neutra por convicción o conveniencia de sus líderes (lo que era visto como una cualidad a imitar por el lógico menor costo en vidas) resultaron sociedades débiles y sumamente vulnerables a las demandas de competitividad de un mundo de preeminencia capitalista que comenzaba a asomarse.
Suponer que los modos de construir riqueza o relacionarse en el mundo que sobrevendrá impondrán cambios de paradigmas fundamentales resulta dramáticamente ingenuo.  Las formas de cooperación y solidaridad (que hoy resultan como un imperativo de la hora) no tienen mucha más expectativas de supervivencia que la propia sicosis de la pandemia. El noble, el villano, el prohombre, el gusano se tienden la mano mientras dura la festividad o la angustia extrema.  Es contrario a su propia naturaleza humana que ese gesto (el tendido de las manos) se mantenga cuando se desvanece la situación límite.
Así, resulta difícil imaginar que aquellas sociedades paternalistas como la nuestra puedan emerger mejores de situaciones como éstas si los propios integrantes de la sociedad (por lo menos en su gran mayoría) no nos sacamos de encima la idea que debemos esperar las soluciones más trascendentes de un líder providencial. Y mucho menos expectativas podemos tener si ese líder providencial en el que depositamos la fe ciega en nuestro futuro no puede generar siquiera un sistema eficiente para pagarle a los jubilados. Estos escenarios son el caldo de cultivo para el opacamiento más insoportable y peligroso de las mentes más lúcidas y creativas que aunque parezcan escasas, deben levantarse como faros indicativos que en la sociedad no se está muriendo el deseo de libertad. Y ésto  resulta aplicable no solo al plano político y económico sino también al educativo, cultural, social, et.
No tenemos mucho margen para tomar conciencia de lo que está en juego. La sicosis de la pandemia no nos permite dedicarle demasiado tiempo a nada diferente de lo urgente.
Y créanme que lo que está en juego es demasiado…

ANTONIO PABLO GIULIANI – D.N.I. 14.261.520

Mio Sabores - San Jerónimo 3170 - 3425165751

www.datagenconsultora.com.ar

Noticias relacionadas