Cuando amás lo que hacés

Mauricio Bernal construye órganos medievales con sonidos y materiales autóctonos. Es uno de los pocos en Latinoamérica en ese oficio y vive en Santa Fe.

Músico, percusionista de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, empezó en la fabricación de componentes musicales por necesidad, ya que no conseguía determinadas piezas para sus instrumentos. Desde pequeños módulos hasta las baquetas para su marimba, fue introduciéndose en la difícil pero apasionante tarea de la construcción  musical.

Buscaba un instrumento expresivo, parecido a la voz humana y lo encontró: un video del alemán Marcus Stahl le mostró algo que lo deslumbró: un organetto medieval.

Construirlo no iba a ser fácil: se dejó de fabricar entre los siglos XV y XVI y no existía ningún ejemplar “vivo” de donde pudiesen sacarse las dimensiones y técnicas para hacerlo. Después de mucha investigación, estudio de láminas de la época que pudiesen darle una idea de las medicas y proporciones y asesoramiento sobre mecánica y física, logró reproducirlo.

No es necesario aclarar que a todo esto debe sumarse una enorme paciencia, precisión y , sobre todo, amor al instrumento.

Para Mauricio, cada etapa de la construcción tiene su encanto y, a veces, alguna frustración, cuando algo no sale como estaba previsto y hay que volver probar con otra medida, u otro material.

 

En el taller de su casa nos muestra las piezas hechas artesanalmente: las teclas de madera, el fuelle  cedro y cuero, los tubos de bronce soldados con estaño en los que un error de milímetros puede ser determinante para volver a empezar.

La estructura de madera le permite un juego de creación estético, pero teniendo en cuenta que no puede ser un instrumento muy pesado, ya que estará apoyado sobre el cuerpo de quien lo ejecute. El fuelle le da la posibilidad de multiplicar las variaciones musicales y obtener acordes impensados.

 

 

 

 

El resultado vale bien ese arduo, detallista y perseverante trabajo. El sonido es increíble. 

Mauricio ensaya en él ritmos musicales para los que (creemos) el organetto no había sido creado: tango, chamamé…Pero no hay que olvidar que el bandoneón y el acordeón tampoco habían sido diseñados para tocar ese tipo de melodías y ahora resultan imprescindibles en estas composiciones musicales.

Su oficio no es el de luthier (que se dedica a instrumentos de cuerda) sino organero que debe conjugar afinación, armonización y  el uso de diferentes materiales: metales para los tubos, cuero para el fuelle y madera para la estructura y las piezas mecánicas. Además del organetto debe fabricar el estuche que lo guardará, transportará y deberá conservarlo lo mejor posible.

 

Organeros como él hay alrededor de 30 en el mundo: su trabajo es artesanal e individual y hasta podría decirse que tiene algo de orfebrería. Pero su objetivo todavía no está cumplido: hacer un prototipo de menor costo que pueda ser accesible para mayor número de personas y, en especial, niños. 

 

Gracias por esa pasión. Gracias por la música.

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