Pullaro y Gutiérrez se cruzaron en público y se agrava la fisura entre el gobierno y la Corte de Santa Fe

La inauguración del edificio del Poder Judicial en la ciudad de Santa Fe fue ocasión pintada para que el gobernador de Santa Fe y el presidente de la Corte Suprema de la provincia se mataran a chicanas. Maximiliano Pullaro y Rafael Gutiérrez vienen de una batalla wagneriana. El mandatario quiere sacar del máximo tribunal a Gutiérrez, a quien considera un emblema de prácticas sectoriales y partidizadas de la Justicia, le designó reemplazante y promete correrlo por decreto si no se va este año. El magistrado dice que Pullaro quiere llenar de amigos el Poder Judicial, que le designó su relevo sin contar con su vacante y que busca colonizar la Justicia con gente propia sin respetar la división de poderes.

Gutiérrez tiene 78 años, hace 50 que está en la Justicia, es un peronista declarado y un hombre de gran astucia política. Su hora de apogeo se cortó con la llegada de Pullaro a la Gobernación, que impulsó una Constitución que hace cesar a los 75 años la gestión de los integrantes del máximo tribunal, y dispone de una mayoría legislativa holgada que desplazó sin problemas a él y a los ministros más veteranos. Había anunciado que se iría este año pero que ansiaba antes de eso cortar las cintas del edificio que se inauguró este martes. Pero la semana pasada mostró vocación de bancarse los golpes desde su cuero curtido y dijo: “Me voy a ir cuando yo quiera”.

Pullaro en su discurso apuntó derecho a él. Dijo que la obra salió 60 millones de dólares y que el 51% se ejecutó en su gestión. “No nos debemos a ninguna corporación sino a todos los santafesinos”, dijo frente al micrófono. Y lamentó que la fiscal general de la provincia Cecilia Vranicich y la defensora provincial Estrella Moreno, cabezas ambas de dos poderes autónomos del sistema penal, le hubieran dado la espalda al acto. ¿Por qué no fueron? Porque la Corte en cabeza de Gutiérrez les asigna muy poco espacio físico en el nuevo predio, apenas el sexto piso. Semejante desplante de las funcionarias en respuesta a eso fue aprovechado por Pullaro.

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“No está bueno que hoy aquí no esté la titular del Ministerio Público de la Acusación ni la titular del Ministerio Público de la Defensa. Insto a las instituciones del Estado a que podamos dialogar, escucharnos y ponernos de acuerdo. La noticia no puede ser las diferencias que podamos tener hacia adentro”, dijo el gobernador. Que sin embargo no desaprovechó la más mínima oportunidad para marcar su disgusto hacia Gutiérrez.

Que tampoco se quedó corto y empuño el rebenque con la prelación armada en cinco décadas de funcionario. Saludó a Antonio Bonfatti, mandatario socialista, como “ex gobernador y amigo”. Aludió en la misma condición al desaparecido Miguel Lifschitz. Cuando tocó agradecer al actual gobernador lo llamó “licenciado” y puso de lado cualquier referencia al amigo. Y a quien ponderó en contraste fue al ministro de Economía Pablo Olivares para enfatizar el agujero hacia Pullaro.

También minutos antes del discurso Gutiérrez dijo que tanto Fiscalías como Defensorías son órganos autónomos. “Ya no pertenecen al Poder Judicial”, les dijo a los periodistas como para justificar la reducida asignación de espacios que había provocado el faltazo de las autoridades que Pullaro le reprochó.

Y después ninguneó a las jefas de fiscales y de la defensa pública de la provincia con una frase robada a Enrique Almada, profesor del Toto Paniagua, del inolvidable ciclo de humor uruguayo Hiperhumor. “No hay que dar por el pito más de lo que el pito vale”, dijo Gutiérrez por la ausencia de ambas funcionarias.

Esta pelea institucional venía acrecentada la semana pasada por el enojo del Ejecutivo con la decisión de una jueza de Rosario de anular un allanamiento sin orden judicial por la detención de un menor de edad implicado en una balacera. La vocera de Pullaro aludió a la magistrada por su nombre, la cuestionó y dijo que “si los delincuentes son tan buenos, que se los lleven a su casa”.

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Los periodistas le preguntaron por eso a Gutiérrez. “La jueza resolvió de acuerdo a lo que ella creyó estaba a Derecho. Las decisiones de los jueces no hay que cuestionarlas por los medios sino por los medios procesales”, dijo en un elocuente palo al gobierno. Para redondear, veneno: “Eso pasa en un Estado democrático”.

Cuando Pullaro ganó las elecciones en 2023 su equipo jurídico empezó a hacer saber que buscaría renovar la Corte ya que cinco de sus seis integrantes habían superado los 75 años. Definían a esa corte como una garante de los poderes estables de la provincia. Cuestionaban su calidad jurídica con un ejemplo muchas veces mentado: cuatro de los seis ministros habían votado como constitucional al caso Fraticelli, la condena al ex juez que fue condenado por la muerte de su hija. La Corte Nacional rechazó la constitucionalidad de ese modelo de enjuiciamiento y ordenó implementar un nuevo sistema penal.

Los colaboradores de Pullaro recordaban que no solo Gutiérrez validó el método de condena a Fraticelli. Sino que después resistió por todos sus medios votando en contra de la legalidad del sistema acusatorio que lo sustituiría.

Anticipaban desde la primera línea del pullarismo en 2023: “Hay que darles la oportunidad a los ministros de que den ellos solos un paso al costado. Invitarlos a que se vayan por la puerta grande. Les ponemos una placa, un busto, les decimos que se vayan a disfrutar de las mieles de sus jubilaciones de millonarios. De alguna manera quedan porque varios acomodaron adentro a la familia entera”.

En estos días esa anunciada refriega está clavada en el campo de batalla. Gutiérrez dice que Pullaro para correrlos a ellos designó a tres personas de su entorno directo. Uno de los sustitutos es Diego Maciel que era secretario administrativo del Senado y mano derecha del jefe de bloque oficialista Felipe Michlig. También considera alfiles propios del gobernador a Aldo Alurralde y Jorgelina Genghini.

“Si tuviera algún motivo que Pullaro me pida el juicio político”, dijo Gutiérrez hace pocos meses. Recordó que tenía medio siglo de empleado judicial y 25 años en la Corte. “Nunca tuve un sumario administrativo, ni denuncia. Creo que lo único que le interesa es poner algún amigo en la Corte”.

El periodista Mario Gallopo atestiguó este martes un cruce ilustrativo de toda la pica entre gobernador y cortesano. Reportó que mientras el obispo Matías Vecino bendecía el edificio judicial Pullaro le habló. “A él tírele agua bendita”, le dijo señalando a Gutiérrez. El ministro de la Corte no se demoró. “A él tírele el doble”.

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