La convivencia entre el PRO y el socialismo dentro de la coalición Unidos para Cambiar Santa Fe no está exenta de tensiones y celos que se disimulan para la esfera pública. En el oficialismo provincial existe un acuerdo fundacional no escrito que establece un “pacto de no agresión” respecto de los debates nacionales y evitar la discusión en lo local.
De esa manera, macristas, demoprogresistas, radicales, socialistas y pastores comparten el mismo espacio que tiene como factor común el antiperonismo. Sin embargo, la situación en Venezuela sacudió ese delicado equilibrio y expuso diferencias ideológicas que van mucho más allá de un comunicado o un cruce en redes sociales.
Los socialistas ocupan 14 bancas de las 28 oficialistas en la Cámara de Diputados provincial y dos ministerios, Medio Ambiente y Cultura, que los ubica como la fuerza con más peso en la gestión mientras que el PRO tienen 3 diputados, el ministerio de Trabajo y la vicegobernación que sacrificó Scaglia para irse a la Cámara Baja nacional.
La socialista Clara García, presidenta de la Cámara de Diputados de Santa Fe
“Maxi tiene un discurso más parecido al nuestro pero en gestión y cargos, el socialismo tiene mucha más incidencia”, dijo una fuente del macrismo local aunque reconoce que el PS tiene muchos más cuadros técnicos para la gestión luego de administrar 12 años la provincia y 30 el municipio de Rosario.
Ahora, el disparador que expuso las tensiones fue la condena pública del Partido Socialista a lo que definió como la “extracción” del presidente Nicolás Maduro de Caracas, interpretada por ese espacio como un ataque directo de Estados Unidos contra la soberanía venezolana.
El pronunciamiento, firmado por referentes históricos como Mónica Fein, generó un inmediato rechazo del PRO santafesino. Cristian Cunha, ex presidente del partido, fue uno de los más duros: “Todo dirigente u organización partidaria que hoy se oponga a lo que está ocurriendo en Venezuela es funcional a una de las dictaduras más violentas de la región”, escribió en su cuenta de X.
“Lo de Venezuela fue visible, pero la discusión viene de antes”, admitió una fuente del PRO santafesino que confirmó la existencia de dos miradas distintas sobre cómo se ejerce el poder dentro de la coalición y cuál es el rol de cada socio.
La reforma constitucional dejó algunas heridas entre los dos principales socios del radicalismo. La disputa más álgida giró en torno a la Caja de Jubilaciones. Mientras que el Socialismo impulsó con fuerza que sea intransferible, el PRO resistió esa redacción.
El texto final incluyó la definición de “indelegable”, una salida intermedia que fue leída por el macrismo como una concesión forzada. “Hablamos del equilibrio fiscal y el sostenimiento de la Caja provincial en la provincia es una contradicción del principio”, agregó la misma fuente del PRO.
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La cuestión religiosa también marcó diferencias profundas. El socialismo defendió una Constitución completamente laica, sin menciones a la Iglesia, mientras que el PRO presionó para mantener el reconocimiento del catolicismo como religión oficial.
En paralelo, apareció la presión de pastores evangélicos que reclamaban reconocimiento institucional, un debate que tensó aún más la negociación. Finalmente, el PRO logró imponer su postura y se terminó mencionando a la Iglesia Católica.
Las diferencias se repiten en el modelo productivo y ambiental. El PRO planteó una Constitución con mayor respaldo a los sectores empresarios y a la defensa del suelo productivo, mientras que el socialismo se mostró más conservador y alineado con posiciones ambientalistas.
Estas situaciones dejaron expuestas las diferencias internas aunque también en el PRO admiten limitaciones propias para negociar como partido como hace el socialismo que lo hacen en bloque mientras que los amarillos acusan debilidades propias.
La interna partidaria, que se arrastra desde el cierre de listas, dejó al espacio sin una línea unificada ni una estrategia clara para disputar lugares de poder. “Ellos negocian como partido, como fuerza aliada. Nosotros somos más aplicados, menos transgresores”, admiten en voz baja.
En el medio, los referentes de Pichetto en Unidos aparecieron con la vicepresidenta Victoria Villarruel, otro elemento que sumó incomodidad al progresismo. Según contó Cristian Hoffman, referente del pichettismo en Santa Fe, la relación se canalizó a través de Claudia Rucci y un intento de acercar a Unidos al peronismo más clásico, ortodoxo y de raíz sindical.
A eso se suma el debate sobre la ley electoral que por ahora se conversa con cautela y el oficialismo no pudo elevar una propuesta porque no hay consenso interno y la discusión se pasó para marzo. En el socialismo minimizaron el episodio y remarcaron que Unidos se construyó sobre la base de respetar identidades, pero en el PRO advierten que las diferencias tensionan a la coalición.
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